La fuerza del destino

Acto I: En la habitación de su hija el viejo conde manifiesta su esperanza que ella haya apartado de su corazón al extraño que no la merece. Luego de que se retira, la hija guarda sus ropas en una maleta, dado que para esa noche tiene planeado fugarse y casarse con el desconocido. Dudas inquietantes apretan su corazón. El desconocido se acerca para recoger a la hija, pero la hija pide un retardo, pues desea ver nuevamente al padre. El desconocido, interpretándolo como falta de amor, se declara dispuesto a liberarla, aún cuando su prescindencia lo liquidaría. Entonces suena el disparo que alcanza al conde en el pecho, con la afirmación del honor intacto de la hija. Con un insulto al asesino y la hija cae el telón.

Acto II: Algunas personas se acercaron al costado del escenario. El alcalde se para junto al pizarrón y manda al estudiante al benedícete. Detrás de este estudiante se encuentra el hermano, que, para vengar la muerte de su padre, sigue, disfrazado, las huellas de su hermana y su amado. El público ni se lo imagina, pero la hermana sí. Molesta descubre la cercanía de su hermano en el escenario. Este está intentando obtener más información de un arriero. Una aparición interrumpe la conversación. La gitana, disfrazada de aparición, arenga a la guerra y loa el destino del soldado. (Canción: "Al sonar de los tambores".) Cuando pasa una procesión de peregrinos, la primadonna se hinca en un rezo. Posteriormente el hermano acosa nuevamente al arriero, pero éste no suelta una palabra. Protegida por la noche, la cantante consigue abandonar la escena. Transformación. En su huida, la totalmente desesperada primadonna llega ante la puerta de la iglesia del convento. En su desamparo, dirige sus plegarias a la virgen y promete hacer penitencia en el retiro del convento. (Aria: "Madre de la más pura misericordia, Tú"... etcétera.) A sus golpes en el portal del convento responde el portero disgustado por la temprana molestia. No obstante acepta llamar al Padre Guardián, a quien la primadonna confiesa su secreto. Con el acompañamiento del canto de procesión de los monjes conduce al público al intervalo.

Acto III: El asesino del conde entra al servicio de una guerra y deja que su vida transcurra cantando al borde del bosque (Romanza: "Ascendiste a la felicidad".) Descendiente de la realeza Inca, él -nacido en la prisión- creció en el exilio, dado que sus padres, en el intento de liberar a su patria del yugo extranjero, terminaron en el cadalso. Gritos de ayuda se escuchan desde la platea. El tenor sale rápidamente del escenario y vuelve con el hermano de la hija del conde, que casi fue víctima de un ataque en el pozo de la orquesta, y despide a los perplejos espectadores para que asistan al bien merecido intervalo para tomar champán. Los visones y las perlas se preparan para el

Acto IV: Los cansados espectadores se enteran que todavía hay un Acto V.

Acto V:

Acto VI: Los conmovidos espectadores presencian cómo la fuerza del destino se impone sobre el escenario. Cuando el combate amenaza con alcanzar las primera y segunda filas, cae el más que merecido telón acompañado de gritos de "Bravo" desde la tercera fila.